Soberanía educativa en la era de la inteligencia artificial.

La educación ha sido, históricamente, una de las herramientas más poderosas y eficaces para construir una sociedad libre, soberana y justa, por lo que siempre ha sido un terreno en disputa entre los distintos modelos de país. Si bien, habitualmente, el foco suele ponerse en el contenido de lo que se enseña, la actualidad nos demanda también prestar atención en quién transmite ese conocimiento y su respectivo contexto.
Recientemente, Google Argentina anunció que destinará un millón de dólares para capacitar en Inteligencia Artificial a más de 100.000 personas, incluyendo estudiantes y educadores. Esta noticia, aunque atractiva a primera vista, debe ser analizada en profundidad desde una perspectiva crítica. Porque no se trata sólo de la oportunidad de acceder a la última tecnología, sino de quién decide cómo y qué se enseña. En esa línea, en un país con una historia marcada por la defensa de su autonomía educativa, el rol de las grandes corporaciones tecnológicas extranjeras plantea riesgos claros para nuestra soberanía en este ámbito.
De esa forma, surgen algunos interrogantes ¿quiénes están definiendo el futuro de la educación en IA en Argentina? Y, más importante aún: ¿a qué intereses responden?
No es ninguna novedad que las empresas tecnológicas transnacionales buscan ganar terreno en sectores claves como la educación y la salud. Para éstas, la capacitación en IA no es un acto de altruismo ni una simple colaboración con los sistemas educativos locales. Más bien, es una forma de garantizar que las futuras generaciones estén formadas bajo sus modelos tecnológicos, sus plataformas y, en última instancia, sus intereses comerciales. ¿Estamos dispuestos a que nuestra juventud aprenda de la mano de quienes priorizan sus beneficios económicos antes que el desarrollo nacional?
El control de los conocimientos siempre ha sido una herramienta de poder. Cuando las empresas tecnológicas como Google ingresan al ámbito educativo, no solo están capacitando a docentes y alumnos en el uso de IA, sino que están introduciendo una determinada cosmovisión, una forma particular de ver el mundo en la que el conocimiento tecnológico no se produce localmente, sino que se consume bajo las reglas y marcos de las grandes corporaciones.
¿Qué pasa cuando nuestra infraestructura educativa depende de las plataformas de gigantes tecnológicos? ¿Y cuando las soluciones tecnológicas que desarrollamos no responden a nuestras necesidades, sino a las de mercados globales que no contemplan las particularidades de un país en desarrollo?
En este contexto, la IA en el campo de la educación debe ser vista no sólo como una herramienta de aprendizaje, sino como un campo de batalla en el que se decide quién controla el conocimiento y cómo se distribuye. Si permitimos que las empresas extranjeras sean las que decidan qué conocimientos se imparten en nuestras aulas, estamos cediendo nuestra soberanía educativa.
La educación siempre ha sido un motor de emancipación y progreso. La escuela pública, el acceso al conocimiento y la formación de un pensamiento crítico y autónomo son pilares de un proyecto de país soberano. Hoy, en la era de la inteligencia artificial, esta visión debe adaptarse a las nuevas realidades tecnológicas. No podemos permitir que las decisiones sobre qué tecnologías enseñar y cómo enseñarlas sean tomadas por empresas cuyo único objetivo es maximizar su poder de mercado.
La soberanía tecnológica no se logra solamente con una infraestructura robusta y dispositivos propios, sino también con un modelo educativo que forme a los futuros profesionales en un marco que priorice los intereses nacionales. Necesitamos que nuestros jóvenes aprendan a desarrollar tecnologías que resuelvan los problemas locales y que potencien nuestra capacidad productiva, en lugar de convertirse en simples consumidores de herramientas desarrolladas en Silicon Valley.
El Estado argentino tiene un rol fundamental en este escenario. No se trata de rechazar la tecnología ni de oponerse al progreso, sino de regular y supervisar cómo se inserta la IA en nuestras aulas. La educación en IA es una necesidad urgente, pero debe ser implementada desde una perspectiva soberana, donde las capacidades nacionales sean las protagonistas.
Para ello, el Estado debe:
- Promover programas de formación en IA desarrollados por universidades e instituciones nacionales.
- Invertir en tecnología propia, para que las soluciones educativas no dependan de plataformas extranjeras.
- Fomentar la creación de un ecosistema tecnológico que priorice las necesidades del país, desde la investigación científica hasta la formación técnica.
- Desarrollar alianzas estratégicas con otros países que tengan la misma búsqueda, respecto a la soberanía digital, compartiendo recursos, conocimientos y experiencias para construir una infraestructura tecnológica propia
- Proteger los datos nacionales, implementando políticas que aseguren que los datos sensibles y privados no estén al alcance de las grandes corporaciones extranjeras sin control ni supervisión.
El desafío de la IA es global, pero la respuesta debe ser nacional. Si permitimos que empresas como Google controlen la capacitación de nuestra gente, estamos dejando en sus manos no solo la tecnología, sino el futuro del trabajo y de la producción en Argentina. Necesitamos una estrategia educativa que sea inclusiva, soberana y adaptada a nuestras necesidades. Solo así podremos garantizar que la IA sea una herramienta para el desarrollo local y no un vehículo para la dependencia tecnológica.
Hoy, más que nunca, es fundamental que la educación en IA esté alineada con los intereses de las y los argentinos. No podemos aceptar que nuestras aulas se conviertan en el campo de juego de las grandes tecnológicas, que no buscan el bienestar del país, sino su expansión económica y geopolítica. La soberanía educativa en la era digital no es una opción, es una necesidad si queremos un país verdaderamente libre, justo y soberano.
