IA y robótica: ¿cómo los avances tecnológicos impactan en la paleontología?


Ante la falta de registros fósiles completos, los científicos utilizan las nuevas tecnologías para identificar cómo se desplazaban los animales prehistóricos.


La paleontología es una de las ciencias más taquilleras que existe al investigar los animales y plantas que habitaron el suelo millones de años atrás, principalmente si se habla de los famosos dinosaurios. Como a todo, a la ciencia que mira el pasado le llegaron las herramientas del futuro. Por ejemplo, algunas instituciones en el mundo utilizan robots para explorar cómo era el comportamiento de los animales prehistóricos, como el andar o el nado, gracias a los registros fósiles. De esta manera, los investigadores pueden dar cuenta de cómo una especie se movía en, por ejemplo, superficies irregulares. Entonces, ¿cómo pueden intervenir las nuevas tecnologías en la paleontología? ¿Qué otros cambios vivirá esta ciencia de cara al futuro?

Un ejemplo de estos avances tecnológicos es Rhombot, un robot que fue creado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, Pensilvania, para reproducir el movimiento de los pleurocistítidos, un grupo de equinodermos extintos hace 400 millones de años. Para ello, utilizaron escaneos de fósiles e impresiones en 3D para imitar al organismo extinto y, mediante evidencia, utilizaron la mecánica para que se moviera como lo haría un pleurocistítido. De esta manera, Rhombot se desplazó por superficies arenosas y texturizadas que dieron cuenta de cómo era el traslado de estos animales.

Asimismo, en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, desarrollan peces robots inspirados en ejemplares de la actualidad, como los saltarines del fango, y en fósiles. El objetivo es simular la anatomía y el comportamiento de peces antiguos para determinar como fue su movilidad. Resulta que, según detallaron los científicos a la Universidad británica, la falta de registros fósiles completos se vuelve un obstáculo para identificar los desplazamientos de estos animales y, por ende, confirmar o refutar las teorías que se manejan.

En Argentina la tecnología también interviene en la paleontología. El profesional Martín Farina cuenta a la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ que en el Laboratorio de Paleontología de Vertebrados de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA utilizan inteligencia artificial (IA) para reconstruir los movimientos corporales de distintos animales a través de la simulación en una computadora.

“Entrenamos el algoritmo con animales actuales, como flamencos o guanacos. Filmamos cómo se mueven y tomamos distintos parámetros físicos, como el largo de las patas y la distancia entre una huella y la otra. Luego el equipo, liderado por Verónica Krapovickas, le da información al algoritmo sobre los fósiles, como una serie de huellas halladas o el largo de las piernas, y la IA simula el movimiento“, detalla el paleontólogo.

Una ciencia que no se queda en el tiempo

Farina relata que la paleontología está sufriendo cambios para no quedarse estancada y no sólo a través de la tecnología. “Hay un futuro que estamos viendo ahora. Ya no importa tanto el nombre o las características de un dinosaurio, sino que a la paleontología le empiezan a interesar los distintos ecosistemas y la relación entre ellos, más allá de un único animal. Esto sucede ahora y podría profundizarse en el futuro. No es futurología, sino una posibilidad”, detalla.

En este sentido, destaca el hallazgo por parte de investigadores del Conicet de los restos de una fauna totalmente nueva de 75 millones de años de antigüedad en la Patagonia. Así, descubrieron diferentes moluscos, peces, tortugas marinas, fragmentos de cocodrilos y de reptiles voladores, y restos de distintos tipos de dinosaurios. “Es un ecosistema entero y no un animal aislado, ese podría ser un futuro posible para la ciencia”, comenta

Y continúa ante la Agencia: “A la vez, así como hoy están quienes investigan las especies que habitaron lagunas hace 300 años, probablemente en 500 años estén quienes exploren las que existen hoy. Esto siempre de la mano de la existencia del ser humano. En algún momento nosotros también nos vamos a extinguir, aunque no sepamos cuándo”.

Otra ciencia que podría cambiar es la arqueología, especialmente si se trata de aquellas que investigan la tecnología de las sociedades antiguas. En un futuro, probablemente muchos profesionales no sepan lo que es la electrónica que utilizan los humanos hoy en día, como un teclado o un smartphone, y probablemente muchos de sus hallazgos se encuentren en la basura que se genera. Según el último Monitor Mundial de Residuos Electrónicos de las Naciones Unidas, en 2022 se produjo un récord de 62 millones de toneladas de desechos electrónicos, un 82 por ciento más que en 2010, y se espera que para 2030 se alcancen las 82 millones de toneladas.

En definitiva, cómo siempre ha sucedido, la tecnología marca el pulso del devenir científico.

Luciana Mazzini Puga

Luciana Mazzini Puga

Agencia de Noticias Cientificas - UNQ.