Contratos inteligentes: la disrupción que incomoda.


El concepto parecía reservado para el mundo cripto y las finanzas descentralizadas, pero los contratos inteligentes (smart contracts) empiezan a colarse en sectores de la economía real: seguros, bienes raíces y comercio exterior ya los miran como una herramienta concreta para automatizar procesos, reducir costos, ganar en tiempos y eficiencia. La promesa de eliminar intermediarios y dar más transparencia a las transacciones suena bien de antemano, pero el entusiasmo tecnológico choca de frente con obstáculos legales, regulatorios y, sobre todo, culturales.


¿Qué es un contrato inteligente y por qué es distinto?

Un contrato inteligente es un programa informático que ejecuta automáticamente las condiciones de un acuerdo cuando se cumplen ciertos requisitos. Funciona sobre una blockchain, por lo que es inmutable, transparente y no necesita de un tercero que lo valide. Si A ocurre, entonces B pasa. Así de simple y directo.

Esto implica que dos partes pueden acordar términos sin depender de una autoridad central (como un banco, un escribano o un corredor de bolsa). Los smart contracts reemplazan la confianza tradicional con lógica programada y garantizan el cumplimiento automático. En teoría, se acabaron los trámites, los papeles y los conflictos de interpretación.

Bienes raíces: ¿una escritura sin escribano?

Un sector tradicionalmente reacio al cambio es el inmobiliario, que además se encuentra profundamente regulado. La compra-venta de propiedades implica una cadena de actores: corredores, escribanos, martilleros, registros públicos, bancos, entre otros. En ese sentido, los contratos inteligentes buscan simplificar el proceso.

Una propiedad tokenizada puede venderse directamente mediante un contrato inteligente que verifica el cumplimiento de los requisitos (pago, verificación de identidad, legalidad de los títulos) y transfiere la propiedad automáticamente una vez que todo está en orden. La idea de eliminar el escribano o el registro no es inmediata, porque el marco legal sigue exigiendo instancias presenciales en la mayoría de los países, pero varias proptech están empujando este concepto.

En Estados Unidos y Emiratos Árabes ya existen experiencias donde las propiedades se compran como tokens en plataformas blockchain. Por su parte, en Argentina y Brasil hay pilotos similares en terrenos y desarrollos inmobiliarios, aunque todavía lejos de un uso masivo.

Comercio exterior: eficiencia en la logística global

En el comercio internacional, los contratos inteligentes ofrecen la posibilidad de simplificar procesos tan complejos como las cartas de crédito o los seguros de carga. Las plataformas de logística ya integran contratos inteligentes para liberar pagos automáticamente una vez que se verifican condiciones como la entrega de mercancías o el cumplimiento de normas de calidad.

Esto reduce tiempos y costos. En un sistema tradicional, el pago puede demorar semanas por revisiones manuales; con contratos inteligentes, puede ejecutarse en horas, siempre que la información sea transparente y auditada.

Además, los contratos inteligentes ayudan a rastrear el origen y la cadena de custodia de productos, un factor clave en tiempos donde los consumidores y gobiernos exigen mayor trazabilidad (alimentos, medicamentos, textiles).

Si los smart contracts son tan eficientes, ¿por qué no los usamos para todo? La respuesta tiene dos partes: primero, los marcos legales en la mayoría de los países no reconocen aún la validez de un contrato puramente digital y autoejecutable. Segundo, el factor confianza sigue siendo clave: muchas personas y empresas prefieren la seguridad jurídica de los intermediarios tradicionales.

En América Latina, la falta de una legislación que avale estos contratos no implica un vacío sino más bien se genera un limbo legal. Si bien algunos países avanzan con propuestas en esta dirección, como Brasil y México, la realidad de los hechos demuestra que el proceso es lento. Además, los smart contracts no resuelven todos los conflictos posibles: por ejemplo, si hay un error en la programación o si una de las partes alega que el contrato fue abusivo, ¿qué juez lo interpreta? La lógica automática todavía necesita un marco humano que regule y supervise.

Startups vs. grandes jugadores: quién lidera el cambio

Fuera de nuestro país, el ecosistema de contratos inteligentes muestra una clara competencia entre startups ágiles que crean soluciones para casos específicos y gigantes tecnológicos que buscan imponer sus plataformas.

Por un lado, emergen empresas chicas que ofrecen contratos inteligentes para alquileres temporarios, venta de obras de arte o acuerdos freelance. Estas soluciones suelen ser simples, baratas y adaptadas a nichos desatendidos por los grandes. Por otro, compañías como IBM o Microsoft impulsan sus propias blockchains privadas para contratos empresariales, donde ofrecen seguridad y escalabilidad, pero bajo un modelo más tradicional.

Este escenario genera un choque de visiones: descentralización pura y abierta contra control empresarial. ¿Qué camino prevalecerá? Probablemente, una combinación de ambos: nichos donde la descentralización es clave y grandes industrias que exigen marcos cerrados pero eficientes.

El avance de los contratos inteligentes es imparable, pero el ritmo lo marcan la confianza pública y la legislación. En América Latina, el potencial es enorme para desburocratizar sectores enteros de la economía, siempre con una mirada social y puesta en la parte más débil del contrato.

¿Nos podemos imaginar una licitación resguardada y ejecutada en un contrato inteligente? ¿Una obra pública con 100% de trazabilidad de fondos? Sin embargo, para que los smart contracts dejen de ser un concepto cripto y se conviertan en algo cotidiano, hace falta un cambio de mentalidad. La tecnología está; ahora, el desafío es cultural, legal y político.

Instituto de Innovación Digital CiudadanIA.

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